21 de febrer del 2011

Una semana

Hace una semana emepezó oficialmente esta historia con un principio que por ahora conquista hasta al más fuerte de corazón. Nunca me habría podido imaginar un inicio como este. O sí. Pero todos sabéis que soy más persona que intenta no hacer castillos en el aire. No me gusta. Después se desmoronan.

Como he dicho, hace siete días que ese mismo aparato que nos llevaba a Júlia, a Gonzalo y a mi aterrizó en la pista de este pequeño aeropuerto de esta gran ciudad. Tres personas que se vieron en la puerta de embarque. Tres personas que no se saludaron, como es normal. Pero tres personas que empezaban su Erasmus en Praga y que ahora comparten tanto. Tanto que hasta comparten habitación, cervezas y guantes.

Praga me ha dado tantos momentos en estos siete días que todavía no soy capaz de digerirlos. En este tiempo ya he repetido dos veces de restaurante, cuatro en el Atmosphere y dos más en otro pub. En estos días y en estos minutos, he conocido gente que me impresiona. Pero si me paro a pensarlo, no sé si me impresiona la gente que he conocido o el hecho de estar aquí. Estar en Praga, en el centro de Europa, en lo que en la antigüedad sería el centro del mundo, y encontrar gente de todos los sitios, de todos los rincones y poder mantener una conversación (sin estar borracha). Unas conversaciones, ya sea delante de una birra, delante del reloj o pasando frío en la calle, que me demuestran que todos estamos hechos de la misma pasta. Me impresiona que en un misma mesa, estemos españoles, franceses, portugueses, finlandeses, australianos... Me impresiona también la nieve. Creo que nunca me llegaré a acostumbrar. Con este manto blanco, los edificios sovieticos dejan de ser tan horribles como los vi el primer día y tienen su encanto. Porqué como me dijo alguien de por aquí, esos edificios también son historia. Me impresiona que los finlandeses y suecos se quejen del frío que hace en esta ciudad.

Y Praga, me has dado en una semana la costumbre de necesitar tu cerveza. Una cerveza que ya no puede fallar en mi dieta. No sólo porqué eres más barata que el agua, sinó porqué ir a un bar significa estar con esta nueva familia a la que ya aprecio. Salir de Hostivar para ir a algun pub, es nuestro pan de cada día.

Praga también me ha dado momentos de reflexión en estos días. Todavía pocos. Creo que por como soy yo, demasiado pocos, porqué he hecho tanto en tan poco tiempo. Pocos momentos para poder asimilar que estoy aquí y que ante todo, debo saber saborear cada uno de los sabores que voy a probar de ahora en adelante. Porque esta semana solo ha sido un pica pica.Vamos a ver a que saben estos cinco meses.

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